“The River Nap”

Recuerdo con exactitud, las siestas en aquel lugar rural a 56 km de la ciudad, Campana. Pase veranos enteros en el pueblo. Por alguna razón un niño de 4 años necesitaba una siesta después de almorzar, eran aburridas. Buena brisa a esa hora y uno tratando de dormir. María Gallardo, mi abuela, piel de bronce con larga cabellera que se recogía en un moño con una peineta, misma que utilizaba para peinarme después del baño vespertino. Siiiiii en algún momento tuve cabello…. Respeten.

Dicen que la creatividad es la inteligencia divirtiéndose, a esa edad más bien eran ocurrencias con posibilidad de castigos y regaños. Mis hermanas y primos más grandes se iban al río, disque a camaronear…. pfffff. La casa está frente al parque, y en el parque qué hay? pues la iglesia que más.

Atravesabas el parque, bordeabas la iglesia, y entras en un camino de tierra, árboles enormes; mamey, Marañón curaçao, mamón, marañon; el ruido de las hojas era como música previa antes de llegar al punto más alto de una leve empinada pendiente hacia abajo, y allí está La Lajita, con un peque solar lleno de yerba verde donde dejabas toalla y zapatos.

Yo decidí escaparme al río, solo porque estaba aburrido, quizás ya era la ADD, no podía enfocarme en dormir, tocaba, aventurarme a lo conocido, pero solo.

Llegue, y río abajo veía a mis primos y hermanas mayores, mi hermana menor igual estaba en siesta conmigo, según mi abuela. La profundidad máxima era como 30 cm, pero mojaba. Yo quería ir hacia donde estaban mis primos. No sé si dijeron regresa a casa, yo entendí VEN ACÁ….

Bueno el ven acá, duro un segundo, me resbale con una piedra limosa, y me moje hasta el cuello. Hasta allí llegó mi aventura. Me tuve que regresar a casa empapado, las hojas del trayecto ya no hacían el mismo ruido, y mi abuela ya me estaba buscando. Regaño seguro, y mi madre tendría la primicia al primer telefonazo, porque de celulares niet….. aprendí que el trayecto de ida es emocionante, el de regreso no tanto….

Leave a Comment