Los días de kínder pasaron sin mucha pena y con glorias desapercibidas. El juego era el aprendizaje efímero y la vida transcurría en constante vaivén del salón de clases al gran bohío en donde todos nos sentábamos a cantar y/o jugar. Esa estructura con sólidos postes esquineros y gran techo de paja sería icónico, le llamamos siempre “el Bohío”. Muchos recuerdos los cuales son diapositivas, como fotos “Polaroid” con marcos blancos, llenas de pantalones cortos de color celeste, los muy bien llamados pantalones de tela “Mil Rayas”, del CEP, Colegio Episcopal de Panamá. Mi vida escolar inicia sin saber que de allí haría amistad con amigos y amigas entrañables, con los que compartiría alegrías, tristezas, sinsabores, monotonías y muchas risas de las mismas anécdotas, como ver un reel sin fin de Instagram, solo que las carcajadas van “in crescendo”… por alguna razón lo recuerdo todo blanco y negro; o será que la cédula pesa ya un montón?
Mrs. Gaines era maestra de inglés en primer grado, era rubia, cabello hasta los hombros, traje entero que llegaba hasta debajo de la rodilla y medias “pantyhose”, tal como me la había recetado el pediatra. La imagen de Mrs. Gaines era como sacada de un concierto de Los Beatles de los años 70, “wait a minute”, eran los años 70, 1971 para ser más exacto. La cara era como una muñeca de porcelana y su imagen me mantenía con una asistencia perfecta. Recuerdo que para fin de año de primer grado mi Madre le envió un regalo para Navidad, la ocasión fue especial para mí, ya que modele mi mejor galluza y un uniforme impecable para hacer entrega del obsequio, si supiera que al final de primer grado se llevo con ella un ventrículo de mi precoz músculo cardiaco.
Las hojas de los libros de trabajo se arrancaban en la línea punteada con gran facilidad, hechas de un material parecido al papel periódico y con un olor peculiar muy atractivo. El lápiz era la herramienta principal de uso, y los crayones la alternativa perfecta, ahora entiendo todo. El olor y color de los crayolas y el “workbook” nuevos eran estimulación irremplazable, las ganas de llenar las casillas, delinear letras y pintar figuras, eran incontenibles.
Jamás hubiera pronosticado que en primer grado iniciaría mi fama de “INQUIETO”; etimológicamente esta palabra es de temer. Jamás olvidare la fila de fuentes de agua que había en el patio, en donde saciábamos la sed luego de corrinchear en los periodos de merienda y fue en una merienda al ir a buscar mi lonchera en la parte trasera del salón, que un niño que venía detrás mío, me golpea con ambos puños en la parte baja de la espalda, YO me volteo, ya con el puño cerrado, y le golpeo en el estomago; le “saco el aire” (argot de primaria) y en consecuencia me sacan a MÍ del salón. Qué bemoles, en primer grado! El niño era hijo de una maestra, amiguísima de mi Madre, misma que me dio clases 5 a 6 ocasiones en diferentes años de primaria y secundaria.
Bueno….esa noticia corrió más rápido de lo que me pude imaginar, NO TUVE LA CULPA, igual el regaño de Gloria fue olímpico y se pueden imaginar lo tensa de esa relación maestra/profesora con “moi”: como inició, como siguió y como terminó; estrictamente lo necesario, ya sea Geografía, Historia o Cívica. Aunque siempre defendí mi inocencia.“Fosforito” no se volvió a meter conmigo nunca más, creo que ese aire no lo necesitaba en ese momento, de hecho se hizo buen amigo hasta el final de los días en el CEP.
